Tripofobia

¿Qué es la tripofobia?

Tripofobia hace referencia a la “fobia del patrón repitiente”  y consiste en una reacción de miedo, pánico o hasta horror frente a los conjuntos de figuras geométricas que se encuentran muy cerca una de otra en una superficie indistinta; se genera, especialmente, frente a la presencia de hoyos, rectángulos o, también, círculos muy pequeños. Muchas veces, suele asociarse el miedo a patrones de este estilo con determinados tipos de traumas psicológicos latentes en las personas. Se cree que este miedo, a su vez, puede inducir a ataques de pánico y desmayos por parte de la persona que lo padece.

Se trata, en realidad, de una especie de enfermedad que es aún muy poco conocida e, incluso, no es reconocida en el listado del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Este último, pertenece a la Asociación Estadounidense de Psiquiatría y registra una amplia clasificación de los trastornos mentales, brindando descripciones específicas de las categorías de diagnóstico de manera clara, de forma que todos los investigadores y profesionales dedicados a la Salud Mental, puedan contar con una base común de caracterización a la hora de diagnosticar y tratar determinados trastornos mentales.

Actualmente, miles de personas han afirmado ya padecer de Tripofobia; estipulándose así un total arbitrario de 1 de cada 4 personas con la enfermedad. Los miedos más expresados suelen ser hacia objetos como: panales de abejas, imágenes con agujeros pequeños, hormigueros, frutos de loto, hongos, objetos calados, entre muchos otros. Cada día son más las personas que afirman tener esta enfermedad, sin ser ésta reconocida como tal de manera oficial.

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¿Cuáles son los síntomas?

Se consideran como síntomas de tripofobia, determinados cosquilleos, comezón en distintas partes del cuerpo, pesadillas, exceso de sudoración fría, angustia, asco, náuseas y fuertes niveles de ansiedad. Se cree, también, que otra de las relaciones que las personas pueden llegar a establecer, de manera no consciente, con el miedo y los patrones de agujeros, tiene que ver con el horror y el pánico a los parásitos e, incluso, a las infecciones. Como toda enfermedad, la tripofobia también puede contemplar una serie de niveles: desde la simple sensación de asco, hasta la total intolerancia y malestar frente a la situación.

¿Cuánto se sabe de esta enfermedad?

En realidad, muy poco. Las investigaciones sobre la tripofobia son aún muy escasas. El psicólogo británico Arnold Wilkinks, de la Universidad de Essex, y su ayudante Geoff Cole han sido los primeros en interesarse y estudiar este miedo a los patrones de figuras geométricas. En el año 2011, el Washington Post difundió las investigaciones de Wilkins y Cole, basándose en una serie de pruebas que llevaron a cabo junto a un amplio grupo de estudiantes. El experimento consistió en que un total de 286 personas visualizaran una serie de imágenes con patrones de agujeros (hormigueros, semilleros de flores de loto, panales de abejas, burbujas que se forman en chocolates de tipo aireado, entre otras), para así evaluar sus reacciones. El único rasgo común entre esas imágenes era un contraste sumamente significativo de los colores.

Sorprendentemente, un total del 16% de las personas que participaron de la prueba afirmaron sentirse perturbados por las imágenes. Sin embargo, a Wilkins no le pareció suficiente basarse en las reacciones físicas de los sujetos estudiados, sino que buscó someterlos a determinados escáneres cerebrales, que les permitieron observar de qué manera las fotografías provocaban un alto nivel de actividad cerebral.

Discusiones sobre la tripofobia

Este nuevo “trastorno” ha sido víctima de una importante serie de controversias a nivel científico. Un claro ejemplo de esto fue cuando, en el año 2009, los administradores del sitio web internacional Wikipedia optaron por eliminar una entrada que hacía referencia a la tripofobia, tildando a esta de “una broma que raya en lo absurdo”. Hay incluso terapeutas que niegan la presencia de este nuevo “trastorno”, llegando al punto de aconsejar a sus pacientes la mayor exposición a este tipo de patrones para naturalizarlo y, así, superarlo.

Wilkins y Cole sostienen que se trata, en realidad, de algo que se encuentra profundamente enraizado en la constitución biológica propia del ser humano.

Algunos investigadores sostienen, además, que los patrones de puntos y agujeros tienden a evocar en las personas la imagen de animales o de plantas venenosas. Es por eso que aseguran que podría llegar a tratarse de una ancestral e inconsciente respuesta a la idea de peligro latente, suponiendo cierto margen de sensibilidad que las personas mantienen frente a esta posibilidad.

En el año 2010, un grupo de servicios financieros que trabajaba para un programa de marketing, realizó una encuesta de carácter informal, de cuyo resultado se desprendió que la tripofobia, entendida como el miedo a los grupos de agujeros, consiste en el segundo mayor temor, luego del temor a los objetos de madera (mejor conocido como xilofobia).

Por otra parte, tras el auge de la red social Facebook, se creó un grupo, compuesto hoy por ya más de 31.000 miembros , denominado “Trypophobia: Fear of Clusters of Holes”, destinado a compartir información y experiencias diversas entre personas de distintos lugares del mundo que afirman poseer este trastorno. Hay, inclusive, algunos países en los que los seguros médicos ya aceptaron incluir, en su cobertura, el tratamiento de la tripofobia como trastorno mental, contemplándolo como parte de los distintos padecimientos existentes de ansiedad.

¿Se puede tratar?

Se han formulado ya una serie de posibles tratamientos para la tripofobia, aunque lejos están aún de ser validados. Estos consisten en, por ejemplo, una terapia de exposición. En esta terapia, se expone de manera forzosa al paciente frente a la situación tan temida (los patrones de figuras geométricas encimadas); así, se busca generar un estímulo que funcione de manera gradual obligando al paciente a enfrentarse a la situación que le genera problemas de ansiedad. Por otro lado, se ha hablado también de un tratamiento de “desensibilización sistemática”, el cual funciona a partir del aprovechamiento de la imaginación del paciente.

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En casos en que el paciente no pudiese ser capaz de controlar la ansiedad provocada por la situación impuesta, se interrumpen rápidamente los procedimientos. El objetivo general es que, lenta pero progresivamente, la persona sea capaz de tolerar períodos cada vez más largos de exposición frente a los determinados patrones, generando esto, finalmente, la pérdida total del miedo.

Y yo… ¿tengo tripofobia?

 

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