Pensar… ¿adelgaza?

¿Crees que te la pasas pensando demasiado? Bueno, ¡te tengo una buena noticia! Pensar puede quemar calorías. No, no te miento. Veamos cómo.

¿Pensar quema calorías?

Así es. El pensamiento complejo conlleva una mayor actividad cerebral. Esta actividad cerebral, al intensificarse, requiere mucha más energía de lo habitual. Por ello, así como un fuerte ejercicio físico puede producir cansancio, un gran esfuerzo cerebral puede conducir también a la fatiga.

¿Todavía no me crees?

El cerebro es el único órgano que requiere importantes cantidades de energía de forma básica, manteniendo constantemente un nivel de concentración adecuado para poder abastecer a las miles de millones de neuronas que actúan durante la actividad cerebral, especialmente si ésta es de gran intensidad. Aun cuando no se están enviando señales, el cerebro necesita mantener altas las reservas de energía.

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Se han llevado a cabo muchos estudios para determinar el número de calorías que puede llegar a quemar la actividad cerebral. Por ejemplo, un estudio realizado por la Universidad de Ottawa, en Canadá, sostuvo que, en una persona normal, el gasto promedio de calorías sería de aproximadamente 1300 kcal. Al día, poco más de 54 kcal. Por hora y hasta 15 kcal. Por segundo. A su vez, cuando se desarrolla una actividad cerebral rigurosa, las neuronas actúan inflamando los vasos sanguíneos, por lo que requieren un mayor consumo de energía, requiriendo niveles más altos de glucosa, la cual se obtiene de la que es empleada para otras funciones del organismo. De este modo, la actividad cerebral intensa permite bajar los niveles de glucosa en la sangre.

Si bien el peso del cerebro es de nada más que el 2% del peso total de las personas, éste consume el 20% de la energía del organismo. El cerebro, aun en estado de reposo, consume aproximadamente entre 250 y 260 calorías para mantenerse en funcionamiento y continuar el correcto control de las funciones corporales que le corresponden.

Otro de los estudios que se llevó a cabo para estudiar de qué manera la actividad cerebral quemaba calorías, fue el dirigido por el Dr. Angelo Tremblay. En este, se utilizó a 14 estudiantes, a los que se les otorgaron tres tareas. La primera tarea era de relajación, la segunda de lectura y resumen de un texto y la tercera consistía en completar una serie de pruebas en equipos de memoria, atención y vigilancia. Una vez finalizados los 45 minutos dedicados a cada una de las actividades, se invitó a los estudiantes a comer lo que quisieran en un buffet.

Si bien los investigadores ya habían descubierto que cada periodo de trabajo intelectual requiere un gasto de energía de sólo 3 calorías más que un período de descanso, se encontraron en este experimento con que, a pesar del bajo gasto de energía requerido para estas tareas, los estudiantes analizados consumieron 203 calorías más tras resumir el texto y un total de 253 tras realizar las pruebas del ordenador.

Los científicos aseguraron que este tipo de fluctuaciones pueden llegar a ser causadas por la situación de estrés provocada por el esfuerzo intelectual, o bien deberse al reflejo de una adaptación biológica durante el proceso de combustión de glucosa.

Tras esto, concluyeron que el organismo humano puede llegar a reaccionar ante las fluctuaciones que estimulan la ingesta de alimentos, buscando restablecer el equilibrio de la glucosa en la sangre, que es el único combustible utilizado por el cerebro para desarrollar correctamente su funcionamiento.

Si bien resulta cierto que pensar mucho quema calorías, este volumen no es nada en comparación con las que son quemadas a través del ejercicio físico. En realidad el volumen de calorías quemadas a través del exceso de actividad mental es ínfimo, pero induce, por lo general, a una ingesta mayor de alimentos tras finalizar la actividad. Es por ello que, si no se acompaña de actividad física, este exceso de actividad puede llegar a inducir, incluso, a la obesidad.

Por otro lado, una serie de investigadores del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, ha estado llevando a cabo una serie de estudios que concluyeron en la prueba de que una buena estimulación cerebral es capaz de conducir a limitar las calorías que son consumidas por el cuerpo, favoreciendo así el proceso de adelgazamiento.

Estos estudios lograron revelar que, a través de una estimulación eléctrica – no invasiva – se disminuye el consumo de calorías en los individuos tratados, favoreciendo así la pérdida de peso corporal. Si esta técnica es combinada con deportes y una dieta saludable y equilibrada, se cree que, en el futuro, puede llegar a concebirse como un tratamiento de excelencia para tratar la obesidad y los problemas ocasionados por el sobrepeso.

Es la corteza prefrontal del cerebro la que se encarga de tomar decisiones y de planificar el comportamiento. Por ello, los científicos estadounidenses creyeron que, estimulando ésta área podría frenarse, por ejemplo, el deseo de continuar comiendo y, de este modo, alcanzar la pérdida de peso.

Si bien, como hemos mencionado con anterioridad, se han llevado a cabo diversos estudios en distintas partes del mundo, orientados a descubrir si, efectivamente, la actividad cerebral era capaz de provocar el adelgazamiento, no existen aún pruebas fehacientes de que esto ocurra. Es cierto que una actividad cerebral intensa puede generar la quema de calorías, pero en cantidades ínfimas de éstas, mucho menos que lo alcanzado a través del deporte y la actividad física. Por ello, podríamos concluir que, por el momento, si bien pensar sí quema calorías, no nos ayuda a adelgazar.

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